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    Historias :San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

    Jueves, 01 Agosto, 2002 - 03:38 , (5778 lecturas)

    San Maximiliano Kolbe« su confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue ejemplo de humildad.» Juan Pablo II, 6 de mayo de 1990 Su Historia El Beato Juan Diego, que en 1990 Vuestra Santidad llamó «el confidente de la dulce Señora del Tepeyac» (L'Osservatore Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5), según una tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas.Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con un águila». _TPYa adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP. Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo. El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María! Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. El 12 de diciembre, martes, mientras el Beato se dirigía de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracid! ad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México. El Beato, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe. En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana recibía la Santísima Eucaristía. En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la Vi! rgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue ejemplo de humildad» (Ibídem). Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios os haga como Juan Diego». Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548. Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia. El 9 de abril de 1990, ante Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo Dei Ioanni Didaco praestito». El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, Vuestra Santidad presidió la solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato. Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de Vuestra Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de Jesús» (Ibídem). Beatísimo Padre, la canonización de Juan Diego es un don extraordinario no sólo para la Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios. (Biografía del Vaticano) Otros Datos Cuauhtlatoatzin Según la mayoría de los estudiosos el indio Cuauhtlatoatzin nace en 1474, en el calpulli Tlayácac, en la villa de Cuautitlán, establecida en 1168 por la tribu nahua y posteriormente conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467, localizado 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán (ciudad de México). Fue en esa época que el poder azteca llegó a dominar el territorio de los cuautitecas. A los 13 de Cuauhtlatoatzin, alrededor del año 1487, se inaguró con gran celebración y solemnidad el templo mayor en Tenochtitlán, durante el reinando Ahuitzol. Se estima que para la ocasión se sacrificaron cerca de 80.000 cautivos. Las guerras de vasallaje envolvieron gran parte de la regíon, incluyendo la villa de Cuautitláno, en los años subsiguientes. En 1503, a los 29 años de Cuauhtlatoatzin, subió al trono de Tenochtitlán, Moctezuma Xocoyotzin, y en Cuautitlán comienza a reinar Aztatzontzin. Juan Diego Entre los años 1524 y 1526 se produce su conversión al cristianismo es bautizado, así como su mujer Malintzin, y su tío, en el Templo de Santiago Tlaltelolco, por quien se cree fue el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre" por su extrema gentileza y piedad y las ropas raídas que vestía. Recibe el nombre bautismal de Juan Diego, Malintzin, su esposa, el nombre de María Lucía y, a su tío llaman Juan Bernardino. Juan Diego y María Lucía no tuvieron hijos pero sí adoptaron un hijo. A la muerte de su esposa en el año 1529, Juan Diego se va a vivir a Tulpetlac con su tío Juan Bernardino. La Iglesia le quedaba mas cerca, a sólo 14 kilómetros. Caminaba cada sábado y domingo a la Iglesia, partiendo de mañana muy temprano, antes de que amaneciera, para llegar a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa. Caminaba descalzo, como la gente de su clase macehualli, ya que solo los miembros de las clases superiores de los aztecas usaban sandalias. En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región. El algodón lo usaban los aztecas mas privilegiados. Juan Diego trabajaba tejiendo petates que luego vendía junto con otros productos elaborados con Tule. Tenía algunas propiedades, emtre eññas, a casa donde habitaba con su tío, hoy Templo de Nuestra Señora de la Salud, y otros bienes. Todos los regaló después de su encuentro con la Virgen en el Tepeyac. Se cuenta que el mismo día en que se trasladó la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe a la primitiva ermita, Juan Diego, con licencia del Obispo, se fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla. Se despojó de todas sus pertenencias y dedicó el resto de su vida dedicado a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo. Allí sirvió a la Reina del Cielo hasta el final de sus días. Atendía con gran amabilidad a los peregrinos que llegaban a todas horas y, con gran humildad, devoción y prontitud, realizaba todo tipo de trabajo como barrer, cargar y llevar todo lo necesario para sostener y mantener la ermita. Se dice que pasaba largo tiempo en oración frente a la Imagen de la Virgen Santísima y practicaba la mortificación y ayunaba con frecuencia. El Obispo le concedió un permiso muy especial para la época, el de comulgar tres veces por semana. Juan Diego falleció el día 12 de junio de 1548, a la edad de 74 años. Fue sepultado en la primera ermita dedicada a la Vírgen de Guadalupe, junto a su tío Juan Bernardino. En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque ése "fue el día en que vió el Paraíso" (día de la primera aparición). Juan Pablo II proclamó públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de julio, 2002. Santos
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    Veíame morir con deseo de ver a Dios, y no sabía adónde había de buscar esta vida si no era con la muerte. Sobre mi espíritu centellean y flotan en divino resplandor las fulgurantes y gloriosas visiones del mundo al que voy.

    -- Santa Teresa de Ávila

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